Aceites industriales usados
Según
la normativa europea contemplada en la Directiva 87/101/CEE, así como
en la española, Orden de 13 de junio de 1990, el aceite usado es
"cualquier aceite industrial de base mineral o lubricante que se
haya vuelto inadecuado para el uso que en origen se le haya asignado y
en particular los aceites usados de motores de combustión y de los
sistemas de transmisión, los aceites para turbinas y sistemas hidráulicos
y especialmente los aceites de motor de los talleres de automoción y
embarcaciones."
La eliminación de este producto precisa de un apoyo completo desde
las administraciones e instituciones públicas, facilitando a las
distintas actividades generadoras de estos productos un sistema fácil
para desprenderse correctamente de ellos para, posteriormente
conducirlos a tratamientos de regeneración o eliminación adecuados,
ya que, teniendo en cuenta siempre que el aceite usado es un residuo
muy tóxico y peligroso para el medio ambiente, no es posible su
vertido sobre suelos o aguas ni su incineración incontrolada.
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Retirada de aceites de automoción |
El consumo español anual de aceites industriales se encuentra aproximadamente en unas 560.000 toneladas, elevándose a 5 millones en la UE y a 40 millones en el resto del mundo. Según datos oficiales, en la actualidad en España se recogen unas 170.000 toneladas de aceites usados, lo que supone un 77% de las 220.000 toneladas del total.
Quedan
fuera de control 50.000 toneladas, o sea, el 23% del total.
Del global de aceites industriales usados recogidos cada año en España,
un total de
66.000 toneladas se destinan a la incineración o combustión, 51.000
toneladas a la cogeneración, 49.000 toneladas a la regeneración y
4.000 toneladas a otros destinos.
El Ministerio de Medio Ambiente anunció recientemente que está
ultimando el borrador de la futura ley sobre aceites usados
industriales, que incluirá medidas técnicas y jurídicas para
fomentar la regeneración de este tipo de residuos.
Los aceites usados son una mezcla muy compleja de compuestos orgánicos
derivados de los procesos de oxidación y otros elementos resultantes
del desgaste de los metales que conforman la maquinaria. El resultado
final es una reducción de la calidad original del aceite y la
producción de un nuevo residuo.
Además de la base mineral o sintética con aditivos que componen el
65% del aceite, aparecen
residuos en un 35% de la composición, como
agua, restos de aditivos: fenoles, compuestos de cinc, cloro y fósforo,
ácidos orgánicos o inorgánicos originados por oxidación del azufre
de los combustibles, partículas metálicas ocasionadas por el
desgaste de las
piezas en movimiento y fricción, compuestos de azufre, compuestos
clorados, compuestos organometálicos con plomo, hidrocarburos
polinucleares aromáticos, así como cualquier otro compuesto
que por cualquier motivo acabe mezclado con estos aceites.
El producto final es un líquido de viscosidad variada, ennegrecido
con respecto al original, con la peculiaridad de contener residuos tóxicos
y peligrosos. Su eliminación por vertido o incineración incontrolada
origina graves problemas de contaminación en el aire, agua y tierra
debido a su toxicidad, baja biodegradabilidad, bioacumulación, emisión
de gases y su degradación química.
La toxicidad del aceite usado deriva del desprendimiento durante su
combustión de muy diversos compuestos nocivos como compuestos aromáticos,
cloro, níquel, disolventes halogenados, plomo, cadmio, tolueno,
benceno, etc., que actúan de distinta manera sobre los tejidos y órganos
del cuerpo humano, provocando desde pequeñas afecciones sobre el
sistema respiratorio hasta cáncer en distintos órganos. Además, su
escasa biodegradabilidad provoca una acumulación en el entorno, tanto
de aceites vertidos en ríos, suelos, etc. como de los compuestos
procedentes de su incineración. En cualquier caso, la eliminación
inadecuada de los aceites provocará una contaminación en el entorno
de mayor o menor consecuencia según el tamaño del vertido.
En el caso del vertido sobre aguas, la contaminación deriva de su
viscosidad, biodegradabilidad y contenido de productos tóxicos. Para
empezar, estos aceites originan, debido a su viscosidad, una fina película
que genera una separación física entre la atmósfera y el agua,
impidiendo que el oxígeno contenido en la primera se disuelva en la
segunda, distorsionando el equilibrio biológico de las aguas durante
un intervalo largo de tiempo; en el mar un compuesto hidrocarbonado
puede perdurar 10 ó 15 años. A esto se añade la presencia de todo
tipo de sustancias tóxicas que pueden llegar a la cadena trófica a
través del agua. Estos vertidos se producen a través de desagües,
alcantarillas o vertidos directos sobre ríos, lagos o mares. En
cualquier caso, el daño realizado repercute enormemente sobre el
medio, sobre todo si se producen grandes vertidos. Se estima que un
litro de aceite usado es capaz de contaminar 1.000 m3 de agua.
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Los aceites de cocina significan una partida importante |
La contaminación del aire deriva de los procesos incontrolados o
inadecuados de combustión, ya sea de los aceites solos o mezclados
con fuel-oil. Las instalaciones destinadas a este tipo de combustión
contarán con sistemas depuradores de gases o, en su defecto, con
sistemas previos a la incineración de refino para eliminar sustancias
nocivas.
La incineración inadecuada de 5 litros de aceite provocaría la
contaminación del volumen
de aire necesario por una persona durante tres años, producido por el
vertido de elementos como cloro, fósforo, azufre y plomo, procedentes
de aditivos, gasolinas, etc.
En los suelos, los vertidos de aceite usado contaminan las aguas
superficiales y subterráneas, crea una película similar al caso del
agua, eliminando la propia fertilidad de las tierras al impedir el
normal desarrollo de la actividad biológica y química del suelo.
Frente a todos estos efectos nocivos, la Unión Europea reguló hace
unos años la gestión y eliminación de los aceites usados mediante
la aplicación de la Directiva 75/439/CEE, modificada por la Directiva
87/101/CEE y la 91/692/CEE. La legislación española incorpora esta
normativa a través de la Orden de 28 de febrero de 1989 y la de 13 de
junio de 1990, que modifica a la primera, además de la Ley Básica de
Residuos Tóxicos y Peligrosos, Ley 20/1986.
Según estas normas, los aceites industriales o lubricantes con base
mineral que resulten inadecuados para el uso que se les había
asignado inicialmente
deberán ser recogidos y eliminados, para lo cual se determinan los
siguientes métodos según prioridad; tratamiento por refinado,
combustión, destrucción y depósito controlado.
En cualquier caso se prohíbe el vertido en aguas subterráneas, marítimas
jurisdiccionales y en sistemas de evacuación, el depósito o vertido
con efectos nocivos en el suelo y cualquier tratamiento que provoque
una contaminación atmosférica superior al nivel establecido por las
distintas disposiciones legales.
Por otro lado, la normativa admite la gestión de estos residuos por
parte de empresas privadas autorizadas, las cuales estarán sometidas
a registros y controles adecuados a nivel nacional. Será a través de
estos
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Aceites de uso industrial |
gestores como se organizarán los servicios de recogida en
puntos tales talleres de automoción y pequeñas industrias para
evitar vertidos incontrolados de los mismos.
En cuanto a los Estados miembros, insta a la ejecución de campañas
de información pública y de promoción destinadas a garantizar una
recogida y un almacenamiento eficaces, elaborando posteriormente
informes trianuales sobre la aplicación de las presentes Directivas, que la
Comisión utilizará para realizar un informe comunitario.
La
tendencia en la gestión de estos aceites residuales es la obtención
de productos y métodos lo más respetuosos con el medio. Por un
lado, las compañías de fabricación de bases de aceites dirigen
sus líneas de investigación a la obtención de productos
lubricantes sintéticos y aceites vegetales, con un menor contenido
en aditivos tales como cinc, cadmio, plomo, aluminio, cloro, azufre,
etc. que se añaden para conferirle estabilidad, durabilidad y
acrecentar su capacidad lubricante. Posteriormente, una vez generado
el aceite usado, el tratamiento
más adecuado para su eliminación es su regeneración, reciclando
el residuo obteniendo una base de aceite nueva. De este modo se
evitan contaminaciones procedentes de procesos de combustión o
incineración, se reduce el consumo de la materia prima, petróleo,
y disminuyen los costes de fabricación.
La incineración o combustión del aceite usado, solo o unido a
fuel-oil, se realiza en instalaciones como cementeras o centrales térmicas,
en las que se aprovecha la instalación para eliminar un residuo. Únicamente
se aprovecha el poder calorífico del aceite usado, pero se
desprecia su capacidad para ser regenerado.
En cuanto a la reducción de costes de producción, proceden de la
comparación entre la obtención de aceites de la misma calidad
final en la industria petrolífera y en la de regeneración; en los
primeros, dos litros de aceite se producen a partir de cien de petróleo,
mientras que en el segundo caso únicamente son necesarios tres
litros de aceite usado.
La disminución del consumo energético necesario para la producción
de lubricante a
partir de aceite regenerado es muy inferior que a partir del petróleo
crudo, las inversiones iniciales son menores al precisar plantas de
producción mucho más simples que las refinerías petrolíferas
además de contar con una reducción de las importaciones de crudo,
y con ello de divisas, en países donde no existen yacimientos
petrolíferos.
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Incineradora |
Las técnicas más comunes de regeneración de aceites usados, restaurando las propiedades del aceite industrial contaminado son la centrifugación, para eliminar la contaminación por elementos libres, en suspensión y el agua, deshidratación bajo vacío para reducir la concentración del agua disuelta o emulsionada en el aceite, desgasificación bajo vacío, para eliminar gases producidos durante la degradación del aceite, y microfiltración, para reducir la concentración de micropartículas sólidas en suspensión. Ninguna de ellas es suficiente para un tratamiento completo, pero su combinación aportará unas propiedades finales óptimas al aceite resultante.
Las estimaciones existentes cifran en torno al 80 - 90% de los
aceites usados existentes
como viables para ser tratados según los métodos citados.
En España existen varias plantas de este tipo repartidas por toda
la geografía. A principios del pasado mes de Enero, el ministro
de Medio Ambiente, Jaume Matas, inauguró una planta de regeneración
de aceites usados en Fuenlabrada en Madrid. Con una inversión de
9,91 millones de euros; 1.650 millones de pesetas, permitirá la
recuperación integral de los componentes de 27.000 Tm/año de
aceites usados, produciendo 20.500 Tm/año de bases para aceite
lubricante y 5.000 Tm/año de asfalto.
En cualquier caso, es necesaria la construcción del número
necesario de estas instalaciones para conseguir dar
servicio a la totalidad de los productores de estos residuos que,
por otro lado, deberán contar con sistemas de gestión que
faciliten al productor el método para desprenderse de ellos,
evitando su vertido a cauces, desagües, etc.
Extraído de : Redacción Ambientum
http://www.ambientum.com