Adiós a los Cables
Imagínese
un futuro en el que la transferencia inalámbrica de energía eléctrica es
posible; los teléfonos móviles, los robots domésticos, los reproductores de
mp3, los ordenadores portátiles y otros equipos electrónicos de bolsillo o
maletín son capaces de recargarse por sí mismos, sin necesitar ser enchufados,
librándonos de ese ubicuo cable que transporta la energía eléctrica a todas
partes. Algunos de estos dispositivos podrían no necesitar siquiera sus
voluminosas baterías para funcionar.
Un equipo del MIT ha demostrado experimentalmente un paso importante hacia ese
asombroso futuro. Sus miembros son Andre Kurs, Aristeidis Karalis, Robert
Moffatt, Peter Fisher y John Joannopoulos, dirigidos por Marin Soljacic.
Llevando a la práctica su reciente predicción teórica, lograron encender una
bombilla de 60W por medio de una fuente de energía eléctrica a más de dos
metros de distancia, y sin que existiera ninguna conexión física entre la
fuente y la bombilla.
Varios métodos para transmitir energía eléctrica de forma inalámbrica han
sido conocidos desde hace mucho tiempo. Quizás el ejemplo mejor conocido sea la
radiación electromagnética, como por ejemplo las ondas de radio. No obstante,
si bien tal radiación resulta excelente para la transmisión inalámbrica de
información, no es factible emplearla para la transmisión de energía eléctrica.
Como la radiación se difunde en todas direcciones, la mayor parte de la energía
eléctrica terminaría disipándose en el espacio libre.
Utilizar la radiación electromagnética dirigida no es muy práctico e incluso
puede resultar peligroso. Requiere de una visual ininterrumpida entre la fuente
y el dispositivo, así como de un sofisticado mecanismo de rastreo cuando el
dispositivo es móvil.
En cambio, el concepto del MIT para la transmisión inalámbrica de electricidad
está basado en emplear objetos acoplados mediante la resonancia. Dos objetos
resonantes con la misma frecuencia de resonancia, tienden a intercambiar energía
con notable eficacia, en tanto que interactúan débilmente con los objetos
ajenos a su frecuencia de resonancia.
Un buen ejemplo del concepto es la resonancia acústica. Imagínese una habitación
con 100 copas de vino idénticas, cada una llena de vino hasta un nivel
diferente, por lo que todas tendrán diferentes frecuencias de resonancia. Si
una cantante de ópera emite una sola nota con suficiente intensidad dentro de
la habitación, una copa con la frecuencia de resonancia correspondiente a la
nota musical puede acumular suficiente energía incluso para estallar, sin que
el fenómeno afecte a las restantes. En cualquier sistema de resonadores
acoplados, existe a menudo un régimen de funcionamiento que se describe como
"acoplamiento fuerte". Si uno se asegura de operar un sistema en ese régimen,
la transferencia de energía puede ser muy eficiente.
El equipo del MIT centró su atención en un tipo particular de resonancia: el
acoplamiento magnético. Éste es particularmente adecuado para las aplicaciones
cotidianas porque la mayoría de los materiales comunes interactúa sólo muy débilmente
con los campos magnéticos, por lo que las posibles interferencias con objetos
extraños del entorno se suprimen aún más.
El diseño investigado consta de dos bobinas de cobre, cada una asociada a un
sistema autorresonante. Una de las bobinas está conectada a la fuente de energía
eléctrica y constituye la unidad de suministro. En lugar de irradiar el entorno
con ondas electromagnéticas, llena el espacio a su alrededor con un campo magnético
no radiante que oscila en las frecuencias de los megahercios. El campo no
radiante media en el intercambio de la energía eléctrica con la otra bobina
(la unidad receptora), la cual está diseñada especialmente para resonar con
ese campo. La naturaleza resonante del proceso asegura la fuerte interacción
entre la unidad de suministro y la unidad de recepción, mientras que la
interacción con el resto del entorno es muy débil.
La ventaja crucial de usar el campo no radiante radica en el hecho de que la
mayor parte de la energía no recogida por la bobina receptora permanece
"atada" en las inmediaciones de la unidad emisora, en vez de ser
radiada al entorno y perdida. Con un diseño así, la transferencia de energía
tiene un alcance limitado, y ese alcance se ve más reducido aún si el tamaño
de los receptores mengua. En cualquier caso, ello basta para, por ejemplo,
lograr niveles energéticos del todo válidos para alimentar a un ordenador portátil
que esté ubicado en la misma habitación que la bobina emisora de energía, sin
apenas importar el punto exacto de ubicación, dada la capacidad virtualmente
omnidireccional del campo, y con independencia de la geometría del lugar, ya
que los objetos que se interpongan entre las dos bobinas no dificultan la
transmisión de energía.
Fuente:
Franklin Hadley, Institute for Soldier Nanotechnologies
June 7, 2007 http://web.mit.edu/newsoffice/2007/wireless-0607.html