¿Alimentos versus energía?
Jorge Romagnoli, Presidente de AAPRESID analiza el actual paradigma de sustentabilidad.
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La sustentabilidad se consolidará en la medida en que se aprovechen mejor las fuentes actuales de energía. |
Surgirán competencias entre los alimentos y las energías alternativas
derivadas de los vegetales, y será fundamental ser más eficientes en la
producción.
El dilema "alimento vs energía" está
vigente y, sin dudas, seguirá estándolo.
Las demandas de bienes y servicios aumentan, el número de personas
aumenta, la superficie de tierras agrícolas es limitada y lo que falta
incorporar es relativamente poco; la urbanización va restando áreas
productivas. Si estos argumentos son ciertos, el sistema no será
sustentable en el tiempo (aunque el futuro siempre cuenta con una cuota
de incertidumbre).
El desbalance en la relación uso de energía fósil/tiempo es enorme,
pero es una realidad. La tendencia hacia la sustentabilidad se
consolidará en la medida en que podamos aprovechar mejor las fuentes
actuales de energía y abandonemos las acumuladas en tiempos pasados.
Eso nos obligará a ser mucho más eficientes en los procesos de
transformación y nos evitará tener que seguir "rompiendo las
alcancías de la abuela".
La producción actual de granos de Argentina, que ronda las 80 millones
de toneladas en 27 millones de hectáreas, da una media de 3 Tn/ha por año.
La media pluviométrica, comprendiendo las diferentes regionales agrícolas,
se aproxima a los 900 mm anuales.
El agua necesaria para producir 3 Tn de granos por ha/año en los
diferentes cultivos ronda los 400 mm promedio expresados en lámina de
lluvia. Estas cifras revelan que la producción agrícola actual consume
menos del 50% de la oferta climática.
En la agricultura actual, con la tecnología disponible, se puede
producir el doble. Así como en "La Gran Chacra Argentina"
producimos 3 Tn/ha/año de granos, en muchas chacras de productores de
avanzada se producen 9 Tn/ha/año y utilizando la fábrica sólo en un
75% del tiempo -cuando hay cultivo verde en superficie de suelo- y el
65% de agua de lluvia, un insumo gratis.
No caben dudas que el "Petróleo Verde" está en camino, ya lo
anunció un visionario como Jorge S. Molina, veinte años atrás. Es
preciso aprender a vivir del "sol de hoy" como principal motor
del planeta.
La energía solar es la fuente más abundante que llega a la tierra. La
fotosíntesis es capaz de reunir y transformar elementos inorgánicos en
orgánicos mediante la energía aportada por el sol. Además, es
necesaria la presencia de oxígeno y anhídrido carbónico que se halla
en el aire, así como agua, sales minerales y cierta temperatura
comprendida entre determinados rangos donde se pueden desarrollar los
procesos bioquímicos.
La naturaleza busca en forma permanente el máximo de producción de
biomasa, independientemente del valor de mercado que los productos
logrados alcancen. Cuando el hombre interviene en el sistema, desplaza
el proceso de modo de producir los bienes y servicios que él mismo
requiere.
Por lo mismo, esos bienes son valorizados en el mercado a una escala de
precios que se regula según su escasez. Si consideramos como racional
al máximo uso de los recursos ambientales disponibles, conforme se
producen naturalmente, concluimos que muchos de los procesos productivos
gobernados por el hombre sub-utilizan esos recursos, careciendo de
racionalidad.
Un claro ejemplo del desperdicio de recursos por parte del hombre son
los barbechos prolongados. Durante dicho período no se utiliza el
espacio disponible para captar luz y aire, a temperatura favorable, y
transformarla en biomasa. Los elementos nutricionales son aportados por
el suelo, o restituidos por fertilización en la medida en que sean
limitantes al crecimiento de las plantas. Este aspecto no debiera ser un
impedimento de la producción, más allá de que cierre en una ecuación
económica favorable.
Si los nutrientes no son un factor limitante insalvable, si utilizamos
el 50% del agua que ofrece el clima, si ocupamos los suelos con cultivos
en menos del 60% del tiempo, indudablemente estamos desaprovechando la
capacidad de producir biomasa de esta fábrica.
¿Por qué funciona el sistema de la manera en que lo hace? ¿Por qué
no ha habido necesidad de exigirnos en la producción de bienes, más
allá de lo económicamente redituable, del menor riesgo posible, en el
contexto socio económico y político acontecido hasta el presente?
¿Podrá este sistema seguir funcionando de la misma manera en el
futuro?
Creo que no. En la línea de un análisis pragmático, y atento a los
conocimientos actuales, el sistema se agota por sub-utilización de los
recursos disponibles, lo cual provoca un desbalance negativo en el flujo
de energía, aumentando la fragilidad y disminuyendo las reservas, con
el consecuente incremento de la inestabilidad e inseguridad.
Esencialmente, surgirán competencias entre alimentos y energías
alternativas derivadas de los vegetales.Ello obligará -más allá de la
incorporación de nuevas tierras- a ser más eficientes en la producción
agrícola por unidad de superficie, lo que implica aumentar el uso de
los recursos naturales en el proceso.
En ese sentido, se hace necesario cambiar los parámetros productivos y
tomar en cuenta la variable "tiempo" para evaluar resultados.
¿Cuánta luz y agua, cuánto calor y nutrientes ofrece el ambiente? Y
¿cuánto hemos sido capaces de transformar en biomasa útil?
¿Cuánto hemos desaprovechado a lo largo de cada ciclo agrícola con el
propósito de aumentar el rendimiento unitario por cultivo, simplificar
el manejo y maximizar el retorno financiero inmediato?
Si el agua, la energía, los nutrientes, son limitantes, este no es el
modelo que permite resolver esos problemas.
Paradójicamente, el mercado actual parece indicar ese camino como
respuesta al aumento de la demanda por el cultivo de tierras. ¿Cómo
puede reaccionar el mercado a la hora de corregir este desvío
productivo con pérdidas de eficiencia en el uso de los recursos
ambientales?
Difícil de presumir, pero es posible que ocurra a través del aumento
de los precios de los productos actuales, y otros nuevos productos que
no resultaban atractivos hasta el presente induciendo a ocupar el suelo
más tiempo, con nuevos cultivos.
En síntesis, creo que para aspirar a un sistema creciente en
productividad, tendiente a dar respuestas al incremento de la demanda
por parte del hombre, aspirando a una mayor sustentabilidad, debemos
comenzar a mirar la agricultura desde otro lugar, particularmente, en la
dimensión del tiempo.
Por Jorge Romagnoli. Presidente de AAPRESID
Fuente: Agroparlamento
14/04/2007