Crisis de energía reduce la conciencia ambiental
  

  
 

    Campinas - Brasil y Estados Unidos pasan por un momento semejante, en sus políticas energéticas. Los dos países continentales rediscuten sus matrices de producción de energía, dado el agotamiento y la crisis del modelo actual. Y, en los dos casos, los resultados de las primeras discusiones no son nada alentadoras en términos de protección ambiental. La amenaza de falta de racionamiento de energía predispone a la opinión pública de los dos países a aceptar alternativas mas potentes o impactantes. Con eso, se reavivan los proyectos, que estaban encajonados hace algún tiempo.

    En el Brasil, bastó un verano atípico, con lluvias, localizadas y torrenciales, y sin lluvias de frentes frías, generalizadas y menos violentas, para revelar el pésimo estado de los depósitos de instalaciones hidroeléctricas. Sin discutir la pérdida de la capacidad de los depósitos - por mala conservación de su entorno. Las medidas gubernamentales se concentraron apenas en el racionamiento del consumo por la vía de las multas económicas. Sin invertir en educación para la conservación de energía, en la reducción de las pérdidas de los sistemas de transmisión, en la reducción de las ilegalidades (robos de energía), ni discutir el tipo de industria beneficiada por subsidios energéticos (como la industria del aluminio), el gobierno se concentra en tirar dinero de quien excede las cuotas establecidas en gabinetes. No hace, tampoco, ninguna diferencia en cuanto al tipo de consumidor obligado a hacer reducciones, si es un consumidor que ya invirtió en eficiencia energética y  que está en el  límite de su economía  o si es un consumidor con largo márgen de desperdício, que  se va a preocupar en reducir si perdura el sistema de multas.

    En los Estados Unidos, la crisis  de energía en  Califórnia -el estado que tiene las leyes ambientalistas más severas - y la predisposición del presidente George W. Bush de aflojar el control de emisiones de algunos contaminantes, se suma a un proceso de desregulamiento, del cuál se espera menos control estatal y más libre mercado.             Para analistas del sector energético, entre ellos Mark Bernstein, de la Rand, una organización no gubernamental que hace estudios para el gobierno federal. En los Estados Unidos comienzan a discutir su matríz energética en un contexto desfavorable para el medio ambiente. Entre los posíbles resultados de esta discusión - que debe durar algunos años - está el regreso del uso del carbón en alta escala, una de las fuentes más sucias, en términos de polución atmosférica y de emisiones de gases relacionados a los cambios climáticos.

    En  los dos países disminuyen, igualmente, las iniciativas para la conservación de energía. Aunque  haya programas oficiales de eficiencia energética y de que proliferen soluciones técnicas y económicamente más viables que siempre, el contexto institucional y político las coloca en segundo plano. Los programas de eficiencia energética, en el Brasil, fueron encajonados durante el período de privatizaciones. En los EE.UU., ellos perdieron fuerza en la administración Bush, así como las inversiones en energías alternativas, que no tienen un mercado establecido o fácil de establecer.

    Aunque éstas sean las soluciones más duraderas y ambientalmente más saludables, en este momento de crisis todo lo que parece importar son las soluciones inmediatas. Si los ambientalistas y especialistas técnicos no reaccionan con rapidez, propongo soluciones más lógicas y duraderas para las respectivas crisis energéticas, tendremos, en los próximos años, dos gigantes aumentado su contribución para la degradación ambiental global. ¿Para ese entonces existirá el medio ambiente?.

     

  

Ariel Sebastián Díaz

  

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