Diseñan una desaladora que logra agua más barata
y con menos contaminación
GUSTAVO CATALAN DEUS - MADRID.- Un grupo de empresarios españoles ha desarrollado una técnica de desalación, denominada de alto vacío, de la que afirman que logra transformar el agua salada del mar en agua dulce con un coste inferior a las plantas convencionales y que además produce emisiones de contaminantes muy reducidas y no produce salmuera, que es el subproducto que actualmente se tiene que volver a verter al mar.
Almería de Investigación y Proyectos (Alinpro) lleva investigando el proceso desde hace seis años. Su creador, el ingeniero José Luis Torres, ha conseguido instalar un prototipo del ingenio en la capital de Almería, con una capacidad de desalación de cuatro metros cúbicos al día.
Según explicó a EL MUNDO el director de Alinpro, José Soria, el quid de la cuestión no es otro que producir la evaporación de agua de mar en una cámara de vacío de 800 milímetros de mercurio, donde el agua entra en ebullición a tan sólo 17 grados centígrados (aunque ellos la elevan a 36 grados para tener más producción). Tras condensarse, se obtiene agua destilada.
«Es ahí donde está el ahorro energético: con poca energía logramos agua pura a la que luego hay que añadir las sales minerales para destinarla al consumo humano o los fertilizantes para convertirla en agua de riego».
Según sus datos, lograr agua destilada tiene un coste de tan sólo 40 pesetas por metro cúbico, frente a las 80 y 100 pesetas de las desaladoras que trabajan por ósmosis inversa.
Pero según José Luis Torres, ésta no es la única ventaja de su planta. «No hay emisiones de gases y tampoco produce salmuera que haya que volver a verter al mar».
En las plantas de ósmosis inversa es preciso inyectar el agua marina a 70 bares de presión sobre unas membranas que filtran la sal. El resultado que obtienen es aproximadamente un 50% de agua desalada, mientras que el 50% restante tiene el doble de concentración de sal que hay que volver a verter, con impactos negativos sobre la flora marina.
La planta ideada por José Luis Torres transforma la sal que ha quedado depositada en el fondo de la caldera de ebullición al vacío en sal común, tras un proceso de secado en un paso posterior, que puede ser vendida como tal.
Con respecto a los gases de la combustión, en caso de usar gasoil para calentar el agua, José Luis Torres asegura que ha diseñado un sistema de filtrado de gases incluido en el proceso final de desalación, que hace que por la chimenea salgan «emisiones mínimas de vapor de agua y de anhídrido carbónico». Según dijo, esas emisiones han sido analizadas por el Instituto Carlos III y por la empresa Norcontrol y «son 300 veces inferiores a los exigidas por la normativa europea».
Combustibles fósiles
Otra de las ventajas que añaden a su propuesta es que puede funcionar de manera autónoma y utilizar todo tipo de energías. O bien combustibles fósiles para producir electricidad por medio de un generador o calentar la caldera; o bien, quemar residuos agrícolas de los que hay amplios excedentes en Almería y Murcia, donde tiene su sede la empresa y ven más necesario su invento.
A ello añaden que la planta puede tener distintas dimensiones: desde una pequeña para proporcionar agua a una finca, hasta una de grandes dimensiones para abastecer una localidad. «Los costes varían, cuanto más pequeñas son, más elevados», matiza Torres.
Según afirman, la cifra de 40 pesetas que cuesta desalar el agua de mar mediante este sistema es resultado de la comparación de consumo de kilovatios por metro cúbico.
Producir un metro cúbico de agua en una planta como la que se está construyendo en Carboneras con las últimas tecnologías precisa de 7,36 kilovatios, mientras en la suya sería de 2,8 kilovatios.
Aun añaden más ventajas. Según aseguró José Soria, para no dañar las membranas de ósmosis inversa, es preciso añadir al agua de mar, antes de ser filtrada, al menos seis tipos de productos químicos, desde hipoclorito sódico a cal. Los cálculos que hace Alinpro para una desaladora que produzca 48 hectómetros cúbicos anuales son de 7.400 toneladas de estos productos químicos que terminan también vertidos al mar junto a la salmuera. «Nosotros no tenemos que añadir nada. Nuestra contaminación es cero», declaró Soria.
Los gestores de Alinpro, que consideran que han logrado el sistema perfecto para solucionar los graves problemas de agua del sureste español, sólo se encuentran ante un muro infranqueable: mayores recursos financieros para desarrollar su proyecto a escala industrial. «Mucha gente se interesa por nuestro sistema, pero no damos más de sí. Tenemos pocos recursos y sólo somos una empresa de I+D», señaló Cayetano Rivera, otro de los socios de Alinpro.
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Madrid, España