Smog en Santiago: más leña al fuego
Informe
del Dictuc revela nuevo incremento de la contaminación por estufas a leña.
Hasta hace poco, su aporte al humo negro que cubre la capital era un tema casi
marginal. Pero dejó de serlo, y de manera drástica. Tanto que hoy las estufas
que utilizan madera como combustible emiten niveles de PM10 similares a buses y
camiones que queman diesel. Su prohibición, sin embargo, no está en los planes
del Gobierno.
La historia hace toser a Paola Vasconi, experta de la ONG ambientalista Fundación
Terram que participó en el comité asesor convocado por la Intendencia de la
Región Metropolitana para avanzar en medidas antiesmog. Sucede que en
diciembre, no sólo supo que la restricción permanente a los catalíticos se la
había tragado el humo. También que similar cosa ocurrió con las estufas a leña.
"La propuesta era derechamente prohibirlas", recuerda Vasconi, entregando
razones tan sencillas como reales: la fiscalización de las más de quince mil
fuentes de calor de hogar durante los episodios de preemergencia, por ejemplo,
es una utopía, y la voluntad de los ciudadanos para no usarlas es casi nula. "Nadie respeta esa restricción", acusa la ecologista.
A un mes del envío del anteproyecto del Plan de Gestión de Episodios Críticos
(PGEC), nuevos antecedentes están siendo puestos sobre la mesa. Este miércoles,
la Conama hará público el inventario de emisiones cuya última actualización
data del año 2000.
Esta vez, el factor leña nubló los análisis, pues su aumento marcó
decididamente la diferencia. "Sí, hay un incremento", confirma escuetamente
la directora ejecutiva de Conama, Ana Lya Uriarte.
¿Cuánto subió? Los datos oficiales del estudio realizado por el Dictuc sólo
serán liberados a mitad de semana, pero en el organismo gubernamental estiman
que el alza no es lo suficientemente relevante como para incluir la medida
antiestufas en el PGEC.
Sin embargo, fuentes científicas que conocen el informe afirman que el aumento
sí que es "muy importante". Tanto, "que se está cerca de los niveles que
emite el transporte diesel. Hoy, las tres principales fuentes de material
particulado (PM10) son la industria, la leña y el diésel", comenta la
fuente.
Unas 600 toneladas
La cifra actualizada está lejos de los datos que hasta hace poco manejaba la
autoridad. Es más, Pablo Badenier, renunciado jefe metropolitano de la Conama y
uno de los principales promotores de la restricción a las estufas a leña,
advertía que éstas aportaban 200 toneladas de PM10 al año. Y eso, "es más
de lo que se espera emitirá Transantiago cuando esté operativo", planteó
Badenier en septiembre de 2006.
Cinco meses antes, Víctor Barrueto, intendente metropolitano, se jugaba con una
enérgica advertencia. "Las chimeneas tienen que pasar a la historia, incluso
las de doble cámara", dijo, azotando el mito de las plenas bondades ‘ecológicas’
de esta clase de artefactos. A la fecha de tales declaraciones, no se iniciaba
ni la actualización del PGEC ni había un estudio científico actualizado.
Tampoco había opinado la industria.
Un documento interno de la Conama fechado en diciembre de 2005, indica que las
estufas a leña "producen 2,1 toneladas diarias de PM10" -según señala el
texto-, cálculo realizado en base a 15 mil estufas funcionando ocho horas por
jornada. El promedio de emisión marcó "dos kilogramos de PM10 por hora".
Las cifras más recientes, sin embargo, dicen otra cosa. "En la Conama me
comentaron que se trata de más de 600 toneladas", acota Vasconi.
Muevan las industrias
En la Fundación Terram apuntan con firmeza al poder que hay detrás del humo. "El lobby y la presión que hicieron los fabricantes de estufas a leña pudo más",
asegura Paola Vasconi, escéptica incluso de que un "frente ciudadano y
parlamentario" pueda revertir esto. Menos en medio de las vacaciones, y menos
cuando detrás de la decisión hubo un supuesto acuerdo entre Gobierno y
empresarios.
Bosca y Amesti son los principales productores de estufas y calefactores. En
diciembre pasado, Cristián de Amesti, dueño de la firma que lleva su apellido,
confirmó el pacto.
"Llegamos a un preacuerdo con el Gobierno para tomar una serie de medidas y
disminuir las emisiones, pero sin este tipo de restricciones", declaró el
empresario que, en todo caso, estaba dispuesto a emprender acciones legales si
la prohibición se incluía en el anteproyecto.
Luego fue el turno de Bosca. Su gerente comercial, Fernando Alarcón, también
habló de la negociación. "Vamos a hacer un aporte importante a la solución
del problema, pues vamos a hacer compensaciones", argumentó el ejecutivo,
enfatizando inversión en tecnología de punta. "Así lo hemos acordado con la
Conama", planteó.
Sin embargo, el presunto acuerdo es taxativamente desmentido por la directora
nacional de Conama, Ana Lya Uriarte. Señala que es falso, que "nadie en el
Gobierno ha llegado a un acuerdo" para excluir la restricción a la leña del
anteproyecto.
Por lo mismo, reitera que el incremento, si bien es real, no es tan importante
como para tomar una medida prohibitiva. Agrega que igualmente vendrán cambios
para afrontar el problema y que para pasar de anteproyecto a proyecto de PGEP
queda paño que cortar, incluido un mes de participación ciudadana donde es
posible hacer indicaciones.
Con todo, en la Conama confirman que se está elaborando una normativa "más
estricta que la actual", que rige hasta enero de 2008 tras su modificación en
2003 y que permite fabricar estufas siempre que no emitan más de 4,5 gramos de
humo por hora (en 2003 era de 7,5 gr/hr).
Un tema no menor es que, según acusan los principales fabricantes -apuntando,
por cierto, a la competencia con menos estándares de calidad-, la norma "nunca se ha implementado" de verdad y que tampoco
"existen ni
laboratorios ni organismos certificadores".
La calidad de la leña es otro asunto. De hecho, se espera que en Santiago se
implemente la certificación de los locales que venden madera para estufas, tal
como se inició en el sur de Chile. El pequeño problema es que certificarse no
es obligatorio, sino voluntario.-
Fuente: www.lanacion.cl, lunes 15 de enero de 2007.