El extraño invierno que asombra a medio planeta
Récord histórico de temperaturas.
Vea cómo se vive el invierno en EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, Alemania,
Italia y Bélgica
MADRID.- El calentamiento global empieza a ser algo más que una simple charla
de café en el Hemisferio Norte. Ya en 2006 se vivió un invierno atípico. El
otoño se retrasó más de la cuenta y la primavera llegó más pronto. Pero
esta situación se ha visto notablemente superada en este curso meteorológico.
El clima cálido que se ha apropiado de la mitad norte del planeta es
especialmente llamativo en los países más septentrionales. Un fenómeno que
concuerda con las estadísticas que sitúan el mercurio hasta 4 grados más en
el Ártico, mientras que en latitudes mediterráneas ese aumento no ha llegado a
1º.
España, por lo tanto, no ha sufrido tanto los sobresaltos de un invierno atípico
como otras capitales europeas, aunque las máximas diurnas han estado cinco
grados por encima de la media en enero, lo que ha animado a muchos a bañarse en
Santander y otras playas del norte, informa Gustavo Catalán Deus.
Las crónicas que siguen de los corresponsales de EL MUNDO dan muestra de la
estupefacción que se ha desatado en la opinión pública de los países más
industrializados de Europa y Norteamérica. Y no es de extrañar: muchos están
convencidos que se trata del último síntoma del alarmante cambio climático
que amenaza a nuestro planeta.
ESTADOS UNIDOS
Los cerezos florecen en Central Park. Por Carlos Fresneda.
La primavera llegó a primeros de año a Central Park. Miles de neoyorquinos se
trajeron el 'brunch' a la explanada y los cerezos se apuntaron a la fiesta
abriendo su flores de par en par, para celebrar el fin de semana más caluroso
desde 1878 (19 grados y subiendo).
La pista de hielo era un charco a media tarde, el gondolero del estanque hacía
su agosto en pleno enero y los osos polares del zoo se remojaban para combatir
el calentón.
En Battery Park, los 'yuppies' del 'downtown' tendían sus cuerpos al sol, y la
playa de Coney Island se poblaba de familias enteras con tumbonas. Érase una
vez el invierno en Nueva York...
Las instantáneas de la ciudad cercada por nieve parecen ya de otro siglo. Las
postales de Central Park cubierto con una sábana blanca forman parte de la
mitología o del cine: nada ha vuelto a ser lo mismo desde la última visita de
King Kong.
La nieve suele llegar en noviembre a Nueva York, pero este año tuvimos tan sólo
una levísima nevada en enero que duró apenas 10 minutos y fue borrada de un
soplo por este sol inusual. Ese mismo día, las agencias goteaban la noticia que
todo el mundo intuía: 2006 fue el año más caluroso en la historia de Estados
Unidos (12,7 grados centígrados, uno más de media del siglo XX y por encima
del récord de 1998).
El país que más generosamente contribuye con sus emisiones al calentamiento
global es ya el sexto en el ránking de las temperaturas más elevadas. La visión
idílica de los lagos helados de Nueva Inglaterra no ha llegado a cuajar este año.
En el mítico Walden de Henry David Thoreau, los patos y los gansos siguen
esperando la señal que no llega.
RUSIA
Hitler habría firmado un invierno ruso como éste. Si en 1942 los Ejércitos
alemanes fueron repelidos y apuntillados por el sablazo del frío moscovita (que
alcanzó ese año el récord del siglo con 40 grados bajo cero), hoy los
alemanes se habrían puesto a tiro de Moscú bastante más ligeros de ropa, sin
necesidad de forrar sus uniformes con aparatosas pellizas y con las botas bien
plantadas en la tierra sin nieve.
El invierno no cuaja en Moscú, las nevadas esporádicas se derriten y los
meteorólogos se han quedado en blanco. Los termómetros de la capital rusa
vienen marcando en estos primeros días del año insólitas temperaturas diurnas
de hasta 7 y 8 grados sobre cero, una cota máxima inédita en los últimos 126
inviernos (precisamente desde que se creó el servicio metereológico ruso).
"En Moscú no se registraban temperaturas invernales tan altas desde
1879", asegura a EL MUNDO Tatiana Posdniakova, jefa del departamento de
pronósticos metereológicos de la capital.
Los moscovitas viven estos días el invierno más cálido de sus vidas. A nadie
se le ocurre vestir gorro de piel, no hay estanques helados para desgracia de
los patinadores, y los transeúntes no miden tanto sus pasos sobre las aceras
cubiertas de hielo pulido.
En Moscú llueve sobre nevado, lo que impide que cuajen los copos. Algo
imposible con temperaturas nocturnas que oscilan entre los -2 y los +3 grados.
Los aficionados a las setas están de suerte y vuelven a las andadas cuando ya
se habían hecho a la idea de esperar hasta la primavera.En Kaliningrado han
aparecido rebrotes en los árboles al calor de los 12 grados diurnos.
El año pasado por estas mismas fechas, el mercurio llegó a marcar en la
capital 37 grados bajo cero. Si entonces algunos zoos tomaron medidas tan
curiosas como verter cubos de agua caliente en la piscina del cocodrilo, ahora
los problemas con los animales son de naturaleza distinta.
A los osos del zoo de Rostov (sur) les ha costado este año conciliar el sueño
y sólo se animaron a hibernar la pasada semana. Los de Moscú lo hicieron a
finales de diciembre, pero su sueño no es muy profundo y los funcionarios del
zoo andan entre ellos con sigilo. "No nos preocupa tanto que se despierten
porque aquí tienen bastante comida. Sin embargo, los osos salvajes pueden ser
peligrosos si despiertan y no hallan la comida", explica a este diario la
potavoz del zoo moscovita, Raisa Koroliova.
REINO UNIDO
Unos cuantos días que simularon la llegada del invierno, otros con niebla para
que la ciudad no perdiera su identidad y un poco de lluvia. Un verano donde los
30 grados en el termómetro atemorizaron a la población, donde las praderas
cambiaron el verde por el amarillo de los días más resecos, donde en el Metro
se aconsejaba llevar agua para luchar contra la deshidratación.
Londres y el resto del Reino Unido han vivido un 2006 caluroso, con unas
temperaturas medias que jamás se habían registrado desde 1659, cuando se
empezaron a anotar las variaciones térmicas día a día.
Los números son fríos, por más calor que haga. La realidad se siente. El
invierno no invita a la bufanda. A primera hora de la mañana el viento es casi
de octubre, no de enero, y a mediodía es fácil que el cielo esté luminoso o
salpicado de pequeñas nubes y colores rosados.
¿Es Londres realmente esto? "Sin duda, 2006 ha sido un año extraordinario
en el Reino Unido en lo que se refiere a la temperatura", dice el científico
David Parker, de la Oficina de Meteorología británica.
"Muchos récords se han roto". En julio, la temperatura media fue de
19,7 grados. Esto incluye las madrugadas. Parece poco. Pero esto es Londres. No
Sevilla, Madrid, Valencia. En septiembre, esa media fue de 16,8 grados centígrados.
El incremento global, 1,1 grados.
"Este año se han registrado las medias más altas desde que, en 1659, el
Central England Temperature iniciara sus registros", cuenta el Profesor
Phil Jones, encargado por el Gobierno de la Unidad de Estudios Climáticos. Las
previsiones para 2007 no son mejores: el año será igual de caluroso o más que
el anterior.
FRANCIA
Estaciones de esquí sin nieve. Por Rubén Amón.
No era un espejismo ni un problema mecánico. Los termómetros de Nimes (sureste
de Francia) marcaban el pasado jueves 21 grados de temperatura.
Los vecinos no habían conocido nada semejante en el último medio siglo, aunque
la incredulidad también es patrimonio de los bañistas de Niza, de los
estudiantes de Burdeos y de los turistas de París, donde los meteorólogos se
han puesto de acuerdo en afirmar que vivimos a la sombra de la Torre Eiffel el
invierno más suave y bonancible desde 1922.
El fenómeno responde al impacto inquietante del recalentamiento planetario. Es
decir, un efecto contextual que ha favorecido la instalación de una masa de
aire caliente proveniente del sudeste y recubierta a modo de tapadera por la
acumulación ordenada y propiciatoria de las nubes.
Es cuanto esgrimen los hombres y las mujeres del tiempo. De otra manera, sería
difícil entender los 16 grados registrados en Lyon –una de las ciudades más
frías de Francia–, la suavidad del clima en Estrasburgo y el nivel que el
mercurio (20º) ha alcanzado en la fronteriza Perpiñán.
La anomalía del invierno ha dejado sin apenas nieve las estaciones de esquí
francesas. Contratiempo y resultado de un año, 2006, que aparece en la memoria
histórica de Francia como el más cálido desde 1950.
La tendencia podía ir más lejos en 2007, confirmando los informes apocalípticos
que maneja Michel Jarraud, secretario general de la Organización Mundial
Meteorológica (OMM): "La tendencia al recalentamiento del planeta se añade
al efecto de nuevos elementos extremos como las sequías y las
inundaciones", explicaba Jarraud sin bufanda ni abrigo en su despacho de
Ginebra (Suiza).
"La culpa la tiene el hombre". Especialmente por no haber adoptado
medidas preventivas "contra las emisiones de gas que forman el efecto
invernadero y que siguen aumentando de manera incontrolada en la atmósfera".
ALEMANIA
Alemania, un auténtico paraíso para los que aman a los taxistas silenciosos,
vive días extraños en este arranque de invierno. Los conductores, ya sean
alemanes, turcos o libaneses, han sufrido una metamorfosis y su educado mutismo
se ha visto transformado en intensos monólogos sobre el extraño clima que
sufre el país.
Y no es para menos. Junto al estupor de muchos alemanes, que no saben cada día
si agarrar de una vez los guantes, la bufanda y su prenda de abrigo más
caliente, o dejarlos para mejor ocasión, ciudades como Berlín o Augsburgo
observan atónitas sus termómetros, con máximas de 10 grados y mínimas de 5.
"A estas alturas ya deberíamos estar a 5 grados bajo cero y tendría que
haber nieve, ójala fuera siempre así", afirma a EL MUNDO Ellen, una
berlinesa de origen bávaro.
Esta extraña 'segunda primavera' también ha servido para alimentar los
rifirrafes internos de la gran coalición de cristianodemócratas (CDU),
socialcristianos (CSU) y socialdemócratas (SPD), liderados por la canciller
Angela Merkel.
Mientras el ministro de Economía, Michael Glos (conservador), se mostraba públicamente
a favor del uso de la energía atómica para poder cumplir con el Protocolo de
Kioto para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, el titular
de Medio Ambiente, Sigmar Gabriel (socialdemócrata), exigía a Bruselas no
poner demasiado énfasis en el uso de esta fuente de energía dentro de su
programa de medidas.
ITALIA
Lo certificaba el otro día la Universidad de Módena: el pasado mes de
diciembre ha sido el más caluroso que se vive en Italia desde al menos 1860,
fecha en la que el observatorio geofísico de ese centro comenzó a llevar un
control meteorológico. Pero, antes de tener esa confirmación, los italianos ya
observaban con inquietud las temperaturas anormalmente elevadas que se están
registrando este invierno.
En ciudades como Roma, y hasta hace muy poco, muchos se jactaban de que no habían
llegado a necesitar sacar el abrigo del armario, mientras disfrutaban sentados
en un terraza de un capuccino. Y aún hoy, al abrigo del sol, es posible
saborear un buen café en plena calle sin sentir las dentelladas del frío.
Las estaciones de esquí de Alto Adagio, por ejemplo, están abiertas solo
gracias a la nieve artificial, porque de la auténtica sólo ha caído un puñado
de copos. Y las tiendas de ropa se quejan de que la falta de frío se ha
traducido en una fuerte caída de las ventas.
Pero es a los agricultores y floricultores a quienes, sin dudas, menos
inadvertidas han pasado las inusualmente altas temperaturas de este invierno.
"Nos encontramos ante una situación extremadamente crítica",
sentenciaba el pasado martes Giancarlo Cassini, responsable agrícola de la región
de Liguria.
"El calor de estas últimas semanas mantiene con savia a las plantas e
impide así su letargo invernal. El calor ha acelerado los tiempos de producción
y lo que se produce antes se pierde después", dictaminaba, poniendo como
ejemplo cómo las recogida de la aceituna, que normalmente se realiza entre
mediados de noviembre y febrero, prácticamente está ya terminada.
Por no hablar de los cultivadores de flores, que están viendo brotar capullos
en fechas para las que no existe demanda. O los dueños de invernaderos, que
para combatir la humedad generada por este extraño invierno en algunos casos se
están viendo obligados a encender la calefacción en sus instalaciones y abrir
las ventanas.
BÉLGICA
Como cada año, las mariquitas belgas se cuelan por el resquicio de las
ventanas, trepan hasta el techo y vuelan hacia las superficies blancas (si se
posan en la mano de una joven, según la sabiduría popular, la chica se casará
en menos de un año).
Pero esta temporada, los escarabajos de bonito abrigo han invadido las casas
hasta diciembre, junto a mosquitos, moscas y otros insectos improbables.
"Se está extendiendo una nueva especie de mariquitas, más agresivas, y,
con las temperaturas altas, este año se han movido mucho más", cuenta
Johan Bogaert, naturalista experto en este insecto.
El científico relata que sus colegas en Lovaina ya han visto este mes ranas
pardas y salamandras, que no suelen aparecer hasta marzo. "Algo está
cambiando y aparecen nuevas especies. En Bélgica ahora hay hasta libélulas, lo
nunca visto", subraya.
En los 174 años desde que el Instituto Meteorológico Real de Bélgica registra
la temperatura, nunca había habido un otoño tan cálido, que también ha
seguido al verano más caliente documentado hasta ahora. La temperatura media de
septiembre a diciembre, 13,9 grados centígrados, ha superado en más de 1,6 el
récord anterior.
"Es posible asegurar, con una proyección estadística, que 2006 ha sido el
año más caliente en Bélgica en cerca de 500", explica el meteorólogo
Marc Vandiepenbeeck.-
Fuente: www.elmundo.es, lunes 15 de enero de 2007.