Greenpeace contesta a la CNEA: Atucha II es el negocio más ruinoso de la industria
nuclear y debe abandonarse.

Greenpeace dice que construir Atucha II saldrá más caro
que desarrollar otras alternativas energéticas que brindarán
más desarrollo tecnológico y menos problemas
ambientales.
Buenos Aires, 30 de Julio de 2001.- Greenpeace refutó este lunes a la Comisión
Nacional de Energía Atómica sobre la "necesidad" de finalizar con
las obras de la central Atucha II: la organización ambientalista calificó al
proyecto como un "pésimo negocio" para la Argentina y señaló que su
finalización es inconveniente tanto por razones económicas como ambientales.
Así, Greenpeace salió al cruce de las declaraciones del
titular de la CNEA, el Lic.Aldo Ferrer, a la agencia Télam (1) acerca de su
pedido al Gobierno nacional para concluir con las obras de esta central nuclear,
cuya construcción comenzó en 1980.
"Se pretende pasar por alto que Atucha II es uno de los
peores negocios que ha hecho el Estado argentino en materia energética, es una
decisión caprichosa", señaló Juan Carlos Villalonga, de Greenpeace
Argentina. "Se trata de un disparate económico, sin ningún sentido energético,
económico ni científico", agregó.
Greenpeace demandó terminar con los subsidios permanentes
que todos los argentinos pagan diariamente para que las plantas nucleares sigan
funcionando manteniendo la ficción de que la energía nuclear es una opción
viable. "Hoy existen formas de producción energética más económicas,
seguras, limpias e inagotables, sin embargo no reciben ninguna atención por
parte del estado, por qué tenemos que seguir pagando por una tecnología
obsoleta y riesgosa?", cuestionó el especialista de Greenpeace.
En la construcción de Atucha II ya se llevan gastado más de
3.300 millones de dólares, sumando los costos financieros se estaría en los
4.000 millones y todavía son necesarios otros 700 millones de dólares para
ponerla en marcha. Greenpeace asegura que "sumando estos gastos más los
necesarios para que la planta cumpla con la legislación vigente en materia de
seguridad y residuos nucleares, se alcanza una cifra que invertida en energía eólica
generaría el doble en electricidad".
Aún sin concluirse esa central atómica, todos los años se
gastan unos 15 millones de dólares en el mantenimiento de la obra. Este año la
Planta de agua pesada en la Provincia de Neuquen recibió 13 millones de dólares
para que subsista con el único objetivo de alguna vez producir agua pesada para
Atucha II. Sumando ambos gastos el Estado paga 25 millones de pesos anuales para
mantener la obra parada.
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Un
programa arcaico, nacido con fines militaristas.
En su informe publicado hoy, Greenpeace señala que "la
decisión de construir Atucha II, la tercera planta atómica de la Argentina,
fue adoptada durante la dictadura militar en los últimos años de los ‘70
como parte de un plan de desarrollo atómico que hoy ya no existe. No sólo esta
decisión fue adoptada en un marco político completamente diferente del actual,
sino que además es notablemente diferente el contexto energético y tecnológico
a dos décadas de diferencia". Los contratos para la construcción de
Atucha II fueron firmados y ratificados por la Junta Militar en 1980. Las obras
comenzaron en marzo de 1981 y alcanzaron casi su estado actual de avance durante
los años 1982 y 1983.
La decisión de construir Atucha II fue claramente parte de
un programa nuclear cuyo objetivo central era político y militarista, no un
programa energético. Cuando acaba el gobierno militar a finales de 1983,
comienzan los problemas para continuar esta obra. El funcionamiento de la
central atómica Atucha II significará la generación de más de 4000 tns. de
residuos altamente radiactivos y cientos de miles de toneladas de residuos en la
fabricación de combustible nuclear.
Para Greenpeace, no existen fundamentos económicos,
ambientales ni políticos para continuar alentando inversiones en el área
nuclear. La Provincia de Buenos Aires debe rechazar la construcción de una
nueva central nuclear en su territorio y el asumir mayores riesgos de
accidentes, mayor cantidad de transportes de sustancias radiactivas y la
generación de mayor cantidad de residuos nucleares de alta actividad en su
territorio.
Por el contrario, Greenpeace plantea la reconversión del
gasto hoy destinado a Atucha II en el desarrollo tecnológico en energías
limpias y modernas. "Eólica, solar e hidrógeno son áreas de desarrollo
que harían que las inversiones tengan un doble resultado positivo, en cuanto a
producción energética y en materia de desarrollo científico-técnico. Debemos
modificar esta presunción que existe en Argentina de que la energía nuclear es
sinónimo de desarrollo científico de avanzada. Lo nuclear es una industria en
baja a nivel mundial y con infinidad de problemas ambientales, técnicos y económicos",
concluyó Villalonga.
Fuente Greenpeace Argentina