Los envases un problema ecológico
Los envases son un gran invento que han
mejorado la calidad de vida de los seres humanos. Los avances
realizados en este campo han permitido, por ejemplo, conservar frescos
alimentos que de otra forma se hubieran perdido. Uno de los grandes
problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad es el hambre que sería aún
mayor sin los envases, que permiten prolongar la vida de los alimentos
y transportarlos lejos de su lugar de origen.
Casi
la tercera parte de la producción alimentaria de los países del
Tercer Mundo se malogra por la falta de medios y la infraestructura
necesaria para envasarla y conservarla para su posterior consumo. Sin
embargo esta cara tiene su cruz. En la civilización de las
apariencias, los envoltorios tienen tanta o más importancia que los
contenidos. Y bien saben esto los comerciantes que nos venden
suntuosos,
excesivos y aparatosos envases. Según el Comité Industrial para el Empaquetado y el Medio
(INCPEN), la compra de un hogar medio comporta
1,6 kilogramos de vidrio, 1 kilogramo de plástico, 2,4 de papel y de
cartón, además de 700 gramos de metales diversos. El exceso ha
terminado por convertirse en un fenómeno característico de nuestra
cultura, con denominación y todo: el sobre-empaquetado. Los envases y
envoltorios son necesarios para proteger y conservar los productos,
garantizar su higiene, informar al consumidor de sus señas de
identidad e instrucciones de uso, y para facilitar el transporte y
almacenamiento. Para nada más. El sobre-empaquetado es antieconómico
y antiecológico. Plástico,
vidrio, metales, papel y cartón son los materiales más comúnmente
empleados para embalar. Cada uno de ellos está indicado para un uso,
y cada uno presenta desventajas ambientales y de consumo específicas.
LOS
PLÁSTICOS
Los plásticos fueron el invento del siglo pasado hace tan solo
unas décadas. Se pensó que resultarían el remedio para muchos
problemas. Y así fue. Pero precisamente una de sus ventajas más
celebradas es su talón de Aquiles; resultan prácticamente
indestructibles en la era de la fugacidad. Baratos, livianos y
abundantes (en el opulento y planificado primer mundo, no en el resto,
en muchos de cuyos rincones resultan un artículo de lujo), las
omnipresentes bolsas de plástico son un problema ecológico. Y otro
tanto puede decirse de las botellas y envases de plástico en general.
Los tipos de plásticos se cuentan por decenas, pero todos ellos están
elaborados a partir de materiales no renovables como petróleo, gas
natural y carbón. Su proceso de fabricación requiere un alto coste
energético. Y toda esa energía se pierde en gran medida, porque
suelen tirarse tras el primer uso. Su destrucción resulta muy costosa
energéticamente y es muy contaminante en la mayoría de los casos. La
incineración de determinados tipos de plásticos es una de las causas
de la lluvia ácida que destruye los bosques y la salud de los seres
humanos. Y abandonados a la intemperie "práctica tan abominable
como extendida" sus bien trabadas cadenas moleculares se resisten a
romperse por la acción de cualquier agente natural. Comienzan a
extenderse las bolsas de plástico fotodegradables, que se destruyen
por la acción de los rayos solares, y científicos de todo el mundo
rico buscan el plástico biodegradable como los alquimistas medievales
la piedra filosofal, pero este cáliz también es esquivo y no parece
que su vulgarización sea para mañana, porque los que se van
encontrando resultan muy caros. Algunos tipos son reciclables, pero
precisamente la gran variedad que existe hace este proceso inviable,
al menos en el ámbito doméstico. ¿Cómo clasificar en casa tal
exceso de modalidades? Otra cosa es en el ámbito industrial, donde
podría hacerse más en ese sentido. No todo el panorama es oscuro.
Los plásticos son livianos, resistentes, asépticos, duraderos "eso
también es una ventaja" y baratos para el consumidor. Aunque al
planeta le están resultando caros.
DANZA INVISIBLE
Durante siglos, las bebidas, los brebajes e incluso los
elixires nos han llegado en recipientes de vidrio, trasparente o traslúcido,
livianos o pesados, de colores variados, siempre frágil. Su poderío
como continente de nobles contenidos sigue vigente, aunque ahora le
salen competidores por todas partes. Tampoco resulta gratis para este
sufrido y maltrecho planeta. Su fabricación exige un alto consumo de
energía, y, aunque está hecho a partir de materias primas
abundantes, se requieren tales cantidades, y el impacto ambiental
resulta más que notable. Su vida no tendría por qué ser efímera,
debido a que es ampliamente reutilizable. Y puede conocer vida después
de la vida al ser reciclable. Eso sí: no es biodegradable y todos
conocemos los peligros que encierra una botella de vidrio abandonada
en el campo, sobre todo para los niños y la fauna. Desde el punto de
vista del consumo, los envases de vidrio de las bebidas son
reciclables o reutilizables, aunque a veces no se hace ni una cosa ni
la otra, sino que son arrojados a los infiernos de la contaminación
del medio. Existe una tendencia a preferir los recipientes no
retornables por parte sobre todo de los profesionales, familias
reducidas en individuos aislados. Y desde luego los comerciantes lo
prefieren sin duda, ya que no les exige un lugar para almacenar
envases. El vidrio puede reciclarse indefinidamente, al contrario que
el papel. Actualmente, se calcula que el 15% del vidrio desechado se
recicla, lo cual no es mucho. Una tonelada de vidrio reciclado ahorra
1,2 toneladas de materias primas, 100 litros de petróleo y, por
supuesto, igual cantidad de basura. Los envases de muchos usos
presentan ventajas interesantes, porque, por ejemplo, ahorran la energía
necesaria para reciclar. La botella que va y viene durante meses, e
incluso años, de casa a la tienda ha sido habitual en todos los
hogares. Pero los tiempos cambian, las prisas aumentan, y esta danza
invisible de los transparentes envases era demasiado para la
civilización del usar y tirar. El vidrio de varios usos tiene la
desventaja de que es más grueso y más pesado, y su fabricación y
transporte resultan más costosos.
ENVASES
METÁLICOS
Los envases metálicos han experimentado un considerable auge en estos últimos años, sobre todo para las bebidas carbónicas. Tanto su fabricación como su destrucción tienen un costo ambiental realmente considerable. Las populares latas para refrescos significan del 6 al 9 por ciento de la basura de los basureros. Están hechas de acero, hojalata y, sobre todo, aluminio. Producir aluminio es energéticamente caro, y requiere una enorme cantidad de bauxita (4 toneladas por cada tonelada de aluminio), un mineral escaso. Como es evidente, no son recuperables para posteriores usos, y, como es habitual en los metales, resultan escasamente biodegradables. Más bien, su abandono "tan habitual" en la naturaleza supone un grave problema. Y el famoso cinturón ecológico es más un invento del marketing que una solución. La única salida ecológicamente razonable para las latas es el reciclaje. Reciclar aluminio ahorra un 95% de energía respecto a la fabricación, y reduce la contaminación en una proporción similar. Con la energía que se necesita para producir una tonelada de aluminio se puede fabricar 20 toneladas de aluminio reciclado. El obstáculo está donde suele: hace falta una infraestructura adecuada y una población sensible a los problemas ambientales.
NO
PERDAMOS LOS PAPELES
En los pequeños comercios, el tradicional papel de envolver se
ha visto sustituido a menudo por la bolsa de plástico, pero
paralelamente han ido naciendo mil variedades de sofisticados
envoltorios, más o menos impresos, más o menos adornados,
cumpliendo, eso sí, normas sanitarias para contener alimentos, que,
entre otras cosas sirven para que 100 gramos de jamón crudo sean 80
gramos, más 20 de papel. Y para que en algún lugar de la tierra
varios árboles caigan. Algunos envases de cartón son reutilizables
y, aunque estos materiales son biodegradables, su elevado costo energético
y ambiental desaconsejan dejarlos perder así como así. La solución
ideal es el reciclado.
Un caso especial son los envases de "tetra pack" o
similares, elaborados con cartón, polietileno y, en algunos casos,
una delgada capa de aluminio. Sus ventajas son que resultan tan
ligeros y aprovechan también el espacio que su transporte es muy
barato. Conservan muy bien alimentos tan delicados como zumos, leche y
otros líquidos orgánicos. Son resistentes y cómodos, y en un mundo
ideal serían casi perfectos, puesto que como basura energética
resultan muy interesantes: su incineración produce mucha energía.
Claro que su aprovechamiento sistemático requiere una infraestructura
que, de momento, no tenemos.
¿REGRESAR A LA ÉPOCA DE LAS CAVERNAS?
¿No
existe solución, salvo regresar a la época de las
cavernas, cuando no había necesidad de envolver a los mamuts para
llevárselos a casa? No están tan mal las cosas. Algo puede hacerse
para respetar un poco la Tierra y, de paso, nuestros bolsillos de
consumidores. Ante todo algo evidente: analizar las propias
necesidades y elegir la opción más adecuada en cada caso. De nada
sirve adquirir alimentos envasados en "tetra brick" si lo vamos a
consumir enseguida. O comprar la cerveza en envases de vidrio no
retornable cuando tenemos la despensa al lado de casa. Tampoco está
de más presionar a las municipalidades para que creen la
infraestructura imprescindible para poder recuperar y reciclar todo lo
reciclable, porque de nada sirve que los materiales sean susceptibles
de conocer varias vías, si, de hecho, se quedan en un rincón sin que
le demos la mayor o menor importancia. Por supuesto, se puede
contribuir dando a cada tipo de envases su destino lógico, y no
tirando todo, sin más, al tacho de la basura. Y algo de elemental
higiene, de toda la vida recomendado por los libros de urbanidad y
buena crianza: no tirar las cosas por ahí. O la basura terminará
siendo el envoltorio del planeta.
Fuente: humanizar.com.ar