Paneles solares hechos en el país

  

     En el Centro Atómico Constituyentes, que pertenece a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), se encuentra uno de los pocos laboratorios que en el mundo se especializan en la fabricación e integración de paneles solares para usos espaciales, que pone a la Argentina en el reducido grupo de países que fabrican tecnología con ese objetivo.
     El jefe del grupo solar de la CNEA, Julio César Durán, explicó a LA NACION las características del laboratorio, equipado en condiciones de alta calidad ambiental, que incluyen el empleo de nitrógeno de alta pureza y exigen una extraordinaria asepsia, a fin de simular las condiciones en que deben funcionar los satélites que emplean estos paneles como fuente de energía, lanzados a un espacio donde no existen el polvo ni la contaminación. Esto obliga a los visitantes del laboratorio a prepararse como si ingresaran en un quirófano, con guardapolvo blanco, barbijo y cofia.
     Durán mostró el primer prototipo de panel solar fabricado en la Argentina, diseñado de acuerdo con los estándares internacionales, al que calificó como actividad artesanal, pues las tareas de armado se realizan a mano y todas las operaciones de ensayo se hacen de la misma manera. Los controles de calidad, como es fácil imaginar, se multiplican y se reiteran hasta límites para nada usuales en otras industrias.
     Los paneles que fabrica la CNEA son sometidos a severas pruebas, que incluyen la exposición a altas temperaturas y a fuertes vibraciones que simulan las condiciones que deben soportar las naves durante el lanzamiento. Un satélite, que tiene por lo menos dos paneles solares, lleva aproximadamente 2000 de estas celdas, lo que implica una inversión cercana a un millón de dólares, sin incluir el armado.
     La Comisión Nacional de Energía Atómica, que ha sufrido muchos embates y malos ratos durante su ya más que importante vida, sigue demostrando una pujanza científica y técnica que testimonia todo lo que nuestros hombres y mujeres más capacitados en estas áreas de la tecnología de punta están en condiciones de brindar, si se les ofrece el mínimo de condiciones que necesitan para desenvolver sus delicadas y valiosas tareas.
     Debe ser un motivo de orgullo para todos los argentinos que estas actividades sean una prueba que refuta lo que a veces se suele pensar acerca de la relativa eficacia de nuestro sistema educativo. Este juicio vale también para aquellas entidades que llevan adelante la investigación científica y técnica, no sólo en este campo, sino también en muchos otros de importancia fundamental para el país.

Extraído del Diario La Nación

  

  

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