Producción,
consumo y dificultades en el panorama energético.
El hombre produce y consume energía desde tiempos remotos. Con la creación de
la rueda y su combinación con la fuerza de elementos naturales como el agua y
el viento, obtuvo la energía mecánica; modelo energético que perduró hasta
el siglo XVIII, momento de aparición de la revolución industrial. De aquí en
adelante la utilización de otras fuentes como el carbón, el petróleo y la
energía nuclear, sumados a un increíble desarrollo tecnológico, dispararon la
producción y el consumo a niveles impensados.
La contracara de este auge puede verse en los efectos adversos que dicho desarrollo representa para el clima mundial por la emanación de gases de efecto invernadero (como el dióxido de carbono) que se produce del consumo de las fuentes citadas. Este consumo se fue agigantando; registrando, por ejemplo, un incremento del 40% entre mediados de la década del 70 y comienzos del 90. Actualmente el consumo de fuentes energéticas se encuentra distribuido de la siguiente manera: Petróleo 37%, Carbón 23%, Gas 20%, Nuclear 6,5%, Renovables y Basura 11%, Hidroeléctrica 2%, Solar y otras 0,5%; de lo que se desprende que más de 3/4 partes de este consumo provienen de fuentes fósiles, responsables directas del recalentamiento global.
Las perspectivas para el 2010, tanto en emisión de gases como en consumo de
energía, prevén un incremento del 50% con respecto a
los índices registrados a mediados de la década del 90. Ante tal
estimación, no queda más que abogar por la utilización de energías
"Limpias"; pero para que éstas sean aplicadas de manera
"Eficiente" debe haber "Voluntad Política". Mientras las
empresas petrolíferas lideren el negocio energético, el problema seguirá
existiendo y, de seguir con los niveles actuales de consumo y demanda, con sólo
agotar el 25% de las reservas existentes se desencadenaría una catástrofe climática
tan severa que ninguna especie (incluida la humana) podrá adaptarse.
