Ratificación
del protocolo de Kioto
La
Cámara de Diputados de la Nación está por cumplir el último paso para que la
República Argentina ratifique su incorporación al Protocolo de Kioto.
Este
documento fue acordado en 1997 en Kioto como un nuevo componente de la Convención
de Cambio Climático y no ha entrado aún en vigencia. Para que ello ocurra es
necesario que sea ratificado por al menos 55 países miembros de la Convención
y que entre ellos sumen como mínimo un 55% del total de las emisiones de dióxido
de carbono de los países industrializados.
El
Protocolo contiene por primera vez un acuerdo vinculante que compromete a los países
del Norte a reducir sus emisiones. Los detalles acerca de cómo se pondrá en práctica
aún son objeto de negociaciones, que deberían concluirse en la cumbre de
gobiernos que se realizará en Julio de este año en
El
Protocolo de Kioto es el único acuerdo internacional que existe para disminuir
las emisiones de gases que están provocando el peligroso calentamiento global.
Su meta global es lograr para el período 2008-2012 una disminución de un 5,2%
de las emisiones correspondientes a los países industrializados (Anexo B)
respecto de sus emisiones de 1990.
El
cambio climático tendrá enormes impactos en todo el planeta. Argentina, como
país en desarrollo, está entre los más vulnerables al cambio climático y sus
consecuencias ya las estamos percibiendo. La alteración en el régimen de
lluvias es una de las consecuencias esperadas del calentamiento global, pero
además se esperan mayores impactos por eventos meteorológicos extremos
(inundaciones, sequías, tormentas, etc.), la expansión de enfermedades
tropicales por una mayor incidencia geográfica de distintos transmisores, como
es el caso del dengue, chagas, etc. En la Argentina, diversas áreas de cultivos
perderán su capacidad productiva debido al cambio climático.
Poner
en vigencia el Protocolo de Kioto sería el primer paso para lograr una
disminución global de las emisiones de gases de efecto invernadero y así
comenzar a reducir las concentraciones de estos gases en la atmósfera.
Este
primer paso, el 5,2% de reducción respecto de 1990 para el mundo
industrializado, es un esfuerzo pequeño comparado con el nivel de reducciones
que el mundo debe realizar para minimizar el impacto del cambio climático. Se
sabe que los niveles de reducción global deberían estar en el orden del 20-30%
en este primer período. Pero los países industrializados sólo aceptaron a
comprometerse en un 5%.
Para
los países en desarrollo, como Argentina, el Protocolo no les exige ningún
esfuerzo cuantificado de reducción de emisiones. Esto es así ya que la propia
Convención sobre Cambio Climático reconoce que existe una responsabilidad
diferenciada entre los países. El mundo industrializado ha sido el gran emisor
de estos gases desde la revolución industrial hasta la actualidad, básicamente
dióxido de carbono producto de la quema de combustibles fósiles, y aún hoy
sigue siendo el principal emisor de estos gases.
Esto justifica que el Protocolo de Kioto exija inicialmente un esfuerzo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a los países industrializados.
Sin
embargo, recientemente el Gobierno de las Estado Unidos de América ha anunciado
su decisión de abandonar las negociaciones en torno al Protocolo de Kioto y que
no lo ratificaría. Estados Unidos ha sido el principal opositor a la puesta en
marcha del Protocolo y ahora ha dado un paso hacia su definitiva destrucción.
Vale mencionar que Estados Unidos es el principal emisor de gases de efecto
invernadero con cerca del 25% del total mundial de emisiones y sus emisiones per
capita es de 20,5 tn anuales, la mayor del planeta.
A pesar de ser el país que más contribuye al cambio climático, la decisión de Estados Unidos pone en riesgo el único instrumento que la comunidad internacional ha acordado para enfrentar este problema.
La decisión de Estados Unidos ha sido justificada por el hecho de que la aplicación del Protocolo de Kioto significaría para ese país un deterioro para su economía y un grave perjuicio para su industria, además de calificar de "injusto" al Protocolo. El Protocolo obliga a Estados Unidos a llevar sus emisiones en el período 2008-2012 a un 7% por debajo de sus emisiones de 1990.
¿Cuál
es el costo del Protocolo de Kioto para el mundo industrializado?
Según un reciente informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), en ausencia del comercio de emisiones entre los países del Anexo B, la mayoría de los estudios globales muestran que las reducciones en relación a los PBI proyectados es de alrededor de 0,2 a 2% para el 2010 en las diferentes regiones del mundo industrializado. Con el comercio de emisiones disponible entre los países del Anexo B, las reducciones estimadas en el 2010 están entre un 0,1 y 1,1% del PBI proyectado.
El comercio de emisiones y los demás mecanismos de flexibilidad incluidos dentro del Protocolo de Kioto plantean aún una incertidumbre referida a qué porcentaje de las obligaciones de cada país industrializado podrá ser cumplida por esos mecanismos. Aún suponiendo que esos mecanismos tengan una restricción importante, el máximo valor económico que se señala para Estados Unidos para cumplir con el Protocolo es de 1,96% de su PBI.
Debe señalarse que estos costos no tiene en cuenta los beneficios de las inversiones en reducción de gases de efecto invernadero. El impacto económico del Protocolo de Kioto sería de alrededor de 125 dólares per capita por año para los países de la OCDE, mientras que el crecimiento del PBI per capita para esos países en ese período se estima en 3.000-5.000 dólares por año por encima de los valores actuales.
Estas cifras muestran lo injustificable que resulta la actitud de Estados Unidos al negarse a cumplir con sus compromisos para mitigar el cambio climático. Más aún, si las comparamos con el esfuerzo que los países en desarrollo realizan anualmente para el pago de los servicios de la deuda externa. Por ejemplo, Argentina comprometió el 8% de su PBI en 1999 para cumplir con sus compromisos de la Deuda Externa.
Si Estados Unidos acepta y considera admisible, a través de su intervención en diferentes organismos multilaterales, que países como Argentina deban destinar porciones muy importantes de sus PBI en el pago de intereses de su endeudamiento externo para preservar la seguridad del actual sistema financiero, debería aceptar que por razones de seguridad ambiental global, deba afectar una parte de su PBI, insignificante como se pude ver, en atenuar un problema global del que son principales responsables.
Además, mientras el pago de los intereses de la deuda externa es un pago que se gira al exterior, en el caso del cumplimiento del Protocolo de Kioto, para Estados Unidos, se trata de inversiones que ese país debería realizar en su propio territorio, es decir, que de ningún modo significan pérdidas de inversiones o fondos, lo cual difícilmente resulte en motivo de una crisis económica.
La posición adoptada por Estados Unidos es injustificable tanto por razones
ambientales y económicas y por lo tanto no debe ser acompañada. Se trata básicamente
de la defensa de interese sectoriales vinculados a las compañías petroleras y
del carbón en ese país.
Por esta razón, la ratificación del Protocolo de Kioto por parte de Argentina, es un paso positivo en defensa del ese acuerdo y un gesto de aliento a la comunidad internacional para lograr el objetivo de poner en vigencia al Protocolo de Kioto a más tardar durante el próximo año.
email:
energia@ar.greenpeace.org
Autor:
Juan Carlos Villalonga
Hasta
ahora ha sido ratificado por 34 países. El único país perteneciente al
Anexo B que lo ha ratificado es Rumania. El Anexo B es el grupo de países
industrializados que posee metas de emisión dentro del Protocolo. Entre
otros, en la región lo han ratificado Uruguay, Paraguay, Bolivia y Ecuador.
Summary
for Policy Makers of the IPCC WG III Third Assessment Report Approved at 6th
Session of WG III, Accra, Ghana, 28 February-3 March 2001.
Esta información fue retirada a último momento del
resumen del Working Group III en la reunión de Ghana debido a la presión
de Estados Unidos. Esta información clarifica la insignificancia económica
que representa para países como Estados Unidos el cumplimiento de la meta
impuesta por el Protocolo de Kioto.