Un avión argentino voló movido a soja
En una turbina llevaba querosene aeronáutico
y en la otra, Biojet, elaborado conaceite vegetal; la prueba fue en Córdoba
30/03/07
La
vaharada de gases de la otra turbina parece más limpia y huele más bien a
cocina, como si un gigante estuviera friendo una monumental parva de papas
fritas CORDOBA.- Un reducido número de expertos congregado en la pista de la
Escuela de Aeronáutica de Córdoba espera en silencio que se encienda la
turbina número uno del avión Pucará A-561 del Centro de Ensayos en Vuelo de
la Fuerza Aérea Argentina (FAA). Es un momento importante para tres comunidades
que no siempre hacen contacto: el complejo agroindustrial, el mundo militar y el
científico. Lo que suceda ahora podría enriquecer bastante a las tres: se hará
el primer vuelo a biocombustible del hemisferio sur y el segundo de la historia
aeronáutica mundial.
Llovió toda la mañana, pero acaba de producirse una pausa, y hay que
aprovecharla. Ahora, con ambas turbinas atronando y calentándose, el Pucará
espera autorización de
|
|
|
El Pucará A-561 levanta vuelo propulsado por un biocombustible elaborado a partir de la Soja |
rodaje hasta su cabecera de despegue. Entretanto, los
dos pilotos de pruebas recorren, minuciosos, sus últimas listas de
verificaciones.
La tobera de uno de los motores -el Pucará lleva dos turbohélices francesas
Turbomeca Astazou de 1002- vomita la familiar humareda negruzca y acre de
querosene aeronáutico (JP1) que aflige a todos los aeropuertos. Pero la
vaharada de gases de la otra turbina parece más limpia y huele más bien a
cocina, como si un gigante estuviera friendo una monumental parva de papas
fritas.
El avión suelta frenos, acelera, toma carrera brevemente, levanta la rueda de
nariz y despega, mientras los que entienden qué se juega en este sencillo acto
irrumpen en un corto aplauso. Es que el motor con vaharada de cocina está
quemando Biojet, un cóctel integrado en un 20% por derivados de aceites de soja
y en un 80% por JP1. Tiene las mismas prestaciones que el JP1, pero bastantes
ventajas potenciales en lo ambiental (menos emisiones de carbono fósil y de
azufre) y en lo económico.
Esta es apenas la hojita más visible de un vasto árbol de emprendimientos con
potentes raíces en los sectores científicos, educativos, agroindustriales,
municipales y militares, decididos a posicionar a la Argentina como un referente
mundial en agrocombustibles. Detrás de este "proyecto estrella" de la
FAA, que tratará de homologar internacionalmente el Biojet, patentar su receta
de fabricación y volverlo habitual en las flotas aerocomerciales de todo el
planeta, hay otro proyecto nacional mucho mayor. Se llama "Generación y
optimización de tecnologías de producción de biocombustibles".
Un proyecto ambicioso
Dentro de 48 meses, estarán funcionando en terrenos de la municipalidad de Junín
el primer laboratorio de investigación, desarrollo, referencia y garantía de
calidad en biocombustibles y una planta piloto experimental anexa para biodiésel.
Entretanto, se estudia la factibilidad de una planta piloto similar en Chacabuco,
pero para ensayos de fabricación de bioetanol a partir de un cultivo nuevo para
el país: el sorgo dulce. La "movida", iniciada y conducida por la
Fundación Innova-T a través de un proyecto financiado por la Agencia Nacional
de Promoción Científica y Tecnológica, engloba al Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), la petrolera Enarsa, las
municipalidades de Junín y Chacabuco, la Universidad del Noroeste de la
Provincia de Buenos Aires (Un.No.Ba), la Fundación Democracia y una pléyade de
firmas agroindustriales, como la semillera Don Atilio, ELB Global SA,
Desarrollos y Tecnología SA, Ontai Hermano Sol SA, Energía Ecológica SA, amén
del llamado Consorcio Productivo del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires,
que agrupa a las principales industrias de un total de siete municipios: los
mencionados y además General Pinto, Lincoln, Leandro Alem, General Arenales y
Ameghino.
"Hay mucho por hacer -dice el Dr. Roberto Marqués, de Innova-T-. Por una
parte, identificar, mejorar y poner en valor las mejores especies vegetales para
fabricar combustibles líquidos. Esto significa ir más allá del paradigma
actual de soja y maíz y pampa húmeda y abrirse a cultivos muy nuevos para el
país, de modo de que el agro energético no le quite tierras al agro
alimentario ni encarezca los precios de los comestibles. ¿Algunas plantas que
son candidatos obvios? El sorgo dulce para bioetanol y la colza para biodiésel
o la jatrofa -muy oleaginosa- en tierras áridas. Pero el proyecto es mucho más
ambicioso: queremos identificar incluso algas cultivables en escala industrial
capaces de generar biocombustibles.
"Por otra parte -continúa Marqués-, tenemos que agrupar y formar
investigadores en nuevas fuentes de agrocombustibles, que casi no hay. Y además,
inventar y desarrollar nuevos productos, como ha sido el caso concreto del
Biojet de la FAA. Y también hay que transferir a la industria los
correspondientes «paquetes tecnológicos» y las certificaciones de calidad
correspondientes. Y como cierre hay que desarrollar, junto con cada producto, el
know-how de gestión de residuos que genere su fabricación. Es una agenda
enorme. Lo que queremos es que en el futuro mercado mundial de agrocombustibles
la Argentina ponga inteligencia, y no sólo tierra."
Tras unos circuitos en torno del aeródromo, el avión viene ya en recta final
de aterrizaje. Planea unos segundos a ras del suelo, levanta la nariz, toca
tierra con una rueda trasera, apoya las otras dos, frena, carretea, se detiene.
Nuevo aplauso, gritos de entusiasmo. Fundamentado en que el mercado
aerocomercial futuro para combustibles "bio", como premio, es
cualquier cosa menos pequeño. Y la sorpresa mayor es que la FAA corre -hoy por
hoy- sola y en la punta del pelotón mundial.
Fuente: La Nación y agroaustral
Fecha: 30/03/2007